¿Quiénes somos?

Somos una organización de trabajadores y usuarios de distintas áreas de la salud, convencidos de que sólo mediante la unión de los movimientos sociales y la movilización de los trabajadores se construirán las condiciones necesarias para la transformación de nuestro país. En este proceso, contribuiremos en la lucha para lograr un sistema de salud digno para nuestro pueblo.

Historia

Desde que éramos estudiantes de forma individual y colectiva siempre nos sentimos disconformes con el sistema de salud, y hoy como profesionales del área, estando en contacto con la realidad, lo estamos con mayor razón. Esta disconformidad nos llevó a conectarnos con personas de todo Chile, que pensaban y sentían de manera similar, pero que además estaban dispuestos a entregar su tiempo para poder trabajar en pos de las transformaciones que nuestro sistema de salud necesita.

Surge así Salud en Marcha como una organización para todos aquellos que crean que la salud del pueblo es lo primero, que sientan la necesidad de transformar la realidad y luchar por lograr un sistema de salud digno para el país.

logo salud en marcha

Mesa Nacional

La Mesa Nacional esta compuesta por las siguientes compañeras y compañeros

Fotografia de perfil Nicolás López

Nicolás López

Sec. Político

Fotografia de perfil Camila Guerrero

Camila Guerrero

Sec. Orgánica

Fotografia de perfil Cristina Ojeda

Cristina Ojeda

Encargada Comunicaciones

Fotografia de perfil Cindy Pavez

Cindy Pavez

Formacion Politica

Territorios presentes

Fotografia Integrantes Salud en Marcha Sección Atacama

Atacama

Fotografia Integrantes Salud en Marcha Sección Coquimbo

Coquimbo

Fotografia Integrantes Salud en Marcha Sección Valparaíso

Valparaíso

Fotografia Integrantes Salud en Marcha Sección Santiago

Santiago

Fotografia Integrantes Salud en Marcha Sección Valdivia

Valdivia

Declaración de Principios

La salud está históricamente condicionada por los modos de producción económica y reproducción social. En Chile, el estado de salud de los individuos y las comunidades, como también la organización del sistema de salud, reflejan – y reproducen – las diferencias de clases en nuestra sociedad derivadas del modelo capitalista neoliberal.

En nuestro país, la atención de salud se constituye en una mercancía y no un derecho. El acceso, oportunidad y calidad de la atención de salud dependen directamente de la capacidad de pago de las personas. Si bien en la lógica del estado subsidiario – coherente con el modelo económico neoliberal – los servicios estatales deben restringirse y focalizar a las personas más necesitadas, en nuestro país el aseguramiento público de salud (FONASA) entrega cobertura al 76% del total de la población, mayoritariamente pobre, mayor de 65 años y con elevada necesidad de gasto en salud, contrastado con las aseguradoras privadas (ISAPREs), que concentran el capital.

La financiarización de la salud es un grave problema en Chile. La financiarización de salud consiste en la incorporación de intermediarios financieros entre el gasto público y la entrega de servicios de salud. Lo anterior produce un aumento del gasto público, que no se expresa en un mejoramiento de la salud de la población, sino que en el aseguramiento de ganancias por parte de ISAPRES, concesionarios, entidades financieras de la deuda hospitalaria, y en el traspaso de fondos públicos directamente a prestadores privados.

La salud sigue siendo conceptualizada y analizada desde un punto de vista biomédico, centrado en el hospital y en la profesión médica. Es necesario avanzar hacia una comprensión de la salud más amplia, distante de la enfermedad, y centrada en las prácticas de promoción de salud y de prevención de enfermedades. Entendemos la importancia del trabajo del equipo de salud, con énfasis en la atención primaria de salud (APS). Entendemos también la promoción de salud como una práctica política y revolucionaria, orientada a la transformación de estructuras sociales y económicas que producen enfermedad.

La descentralización administrativa de la atención primaria de salud (municipalización) no se ha acompañado de la descentralización financiera y política que permita dar respuestas sanitarias más adecuadas a las poblaciones locales. En nuestro país, la municipalización de la APS no ha contado con los recursos económicos ni políticos suficientes para una gestión local eficiente, aumentando la inequidad en las prestaciones y consolidando el estado subsidiario y la privatización de los servicios de salud. Del mismo modo, el proceso de municipalización de la APS ha posibilitado la despolitización y fragmentación de las demandas sociales en salud, consolidando políticas sanitarias “de escritorio” desde el gobierno central y sustentado en consensos entre élites económicas y del gobierno.

La participación colectiva en el sistema de salud es limitada, fragmentada y despolitizada, de manera concordante con la democracia liberal que permite la participación en los márgenes del mercado. Las prácticas institucionales de participación comunitaria en salud son descritas como paternalistas, deslegitimadoras de los movimientos sociales, y despolitizadas. Los espacios de participación al interior de los servicios de salud se constituyen como dispositivos disciplinadores y desmovilizadores de las demandas sociales por una salud más justa.

En vista de lo anterior planteamos avanzar hacia una verdadera democratización del sistema de salud, incorporando las organizaciones sociales en la reflexión, la toma de decisiones y la eventual transformación de las prácticas sanitarias existentes, mediante el cambio de las estructuras económicas y sociales que la población necesita.

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